El Pedro Jota que yo he conocido

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Como algunos de ustedes saben, vivo desde hace más de 15 años fuera de España; ahora resido en Gran Bretaña, desde donde opera INNOVATION y, por tanto, no estoy muy al día de los dimes y diretes de la política española.

Estos días estoy leyendo semblanzas, unas mejores que otras, de Pedro J. Ramírez, donde se mezclan los elogios, las críticas, la admiración, el rencor y hasta los insultos.

Yo no voy a entrar en esa batalla campal; primero, porque no me gusta hablar de lo que no sé y segundo, porque el Pedro Jota que yo conozco es otro. Y de ese, precisamente, quisiera hablarles ahora que algunos se sienten con el derecho a hacer leña del árbol caído.

El destituido director de El Mundo, Pedro J. Ramírez acababa de terminar sus estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra, cuando yo llegué a hacer mi doctorado en Pamplona.

Alfonso Nieto, Francisco Gómez Antón y Carlos Soria fueron quizás sus profesores más admirados. Carlos fué quien le entrevistó en el examen de admisión y recuerda que acabaron hablando de Pablo Neruda. De ellos escuché cómo Pedro Jota había sido un estudiante listo como pocos, inquieto, deportista, apasionado por el teatro y con más intereses extra-académicos, que la mayoría de sus compañeros de carrera. Algo muy parecido a lo que yo mismo experimenté pocos años después con otras “pedrojotas” como Antoñito Herrero o Luis Herrero.

Supe que, terminada su carrera, Pedro Jota se fue a Estados Unidos y allí coincidió con la apoteosis periodística del Watergate y la renuncia de Richard Nixon. Volvió a España y recuerdo que José Luis Cebrián Boné le dio trabajo en La Actualidad Española y más tarde fue su director en ABC. Y siempre le oí al temible Cebrián Boné hablar con admiración de las dotes periodísticas de Pedro. Juan Tomás de Salas se lo llevó a Diario 16 y allí fue uno de los directores de diarios más jóvenes de España. Cuando las presiones del gobierno de Felipe González se hicieron insoportables, fue sacrificado al poder y acabó fundando El Mundo, con muchos de los mejores periodistas, que también abandonaron un diario que ya no existe y, en un tiempo récord, lanzaron éste que ahora puede estar en sus últimos meses de vida.

A Pedro le conocí a mi vuelta de pasar un año en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York; yo regresé con el encargo de desarrollar los programas de formación de los antiguos alumnos de Navarra y por eso conocí bien las experiencias del American Press Institute (API), de la Nieman Foundation y las actividades profesionales de la entonces America Newspaper Publishers Association (ANPA), hoy la Newspaper American Association (NAA), la American Society of Newspaper Editors (ASNE), la Society for News Design (SND) o el Newspaper Advertising Bureau (NAB) que dirigía aquel gigante que fue Leo Bogart.

A partir de 1979 ese fue mi trabajo. Empezamos con los primeros “seminarios profesionales para altos directivos de empresas informativas”, que así los llamábamos y que eran convocatorias de lujo, normalmente de medio día y con precios a la altura de los directivos que asistían y de los colegas de otros países, que venían a transmitir sus experiencias en medios líderes de todo el mundo. Muy pronto empezamos a organizar viajes de estudio y trabajo para conocer en Estados Unidos las empresas y directivos más innovadores, unas veces con motivo de las asambleas anuales de la ANPA y otras con motivo de acontecimientos periodísticos, donde se podía ver en directo la cobertura de elecciones presidenciales o convenciones políticas. Hicimos muchos “study tours” para ver allí los primeros laboratorios de innovación periodística como el de Knight Ridder, que dirigía Roger Fidler en Boulder (Colorado), o el MIT Media Lab y también reunirnos con figuras legendarias del mejor periodismo norteamericano  como Ben Bradley, Allen Neuharth, Barry Sussman, Warren Lerude, Joe Belden, Vincent Giuliano, Ben Compaine o Claude Erbsen; conocer de cerca las investigaciones de lectores y audiencias de Belden y Asociados en Dallas, o los trabajos de la Asociación Norteamericana para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR). Visitábamos la vieja sede del New York Times, éramos invitados a participar en el consejo editorial de USA Today, teníamos sesiones en el Poynter Institute, asaltábamos a Harold Evans en su despacho de Condé Nast Traveler, nos recibía Kate Graham en el Washington Post, pateábamos la redacción del Chicago Tribune, éramos huéspedes de la Associated Press o Bloomberg, almorzábamos en los “Faculty Clubs” de las universidades de Harvard, Columbia o Stanford, y hasta rompimos las reglas del Metropolitan Club en Nueva York donde tuvimos que recluirnos en uno de sus reservados porque venían con nosotros mujeres que entonces no eran admitidas en el comedor donde solía almorzar Henry Kissinger.

Fue con ocasión de estas andanzasm viajes y seminarios cuando conocí al Pedro Jota participante, entusiasta y habitual en estas actividades, junto con Alfonso de Salas, Antonio Fernández Galiano, Giorgio Valerio y otros directivos de El Mundo y Unidad Editorial.

Pedro y Alfonso recordarán una cena entrañable en un reservado del desaparecido Windows of the World Trade Center en Nueva York donde celebramos el final de una de aquellas descubiertas norteamericanas.

Poco antes de salir El Mundo, estuvo en Pamplona Juan Carlos Laviana, quien estaba reclutando gente joven y valiosa para el nuevo diario y se interesó por un primer seminario internacional de infografía, que habíamos organizado en vísperas de los Sanfermines y al que asistieron, entre otros, Mario Tascón, Tomás Ondarra y muchos otros pioneros de ese nuevo modo de contar historias. “Pedro Jota, nos dijo Juan Carlos, está muy interesado en hacer mucha infografía y necesitamos gente”. Fue así como les di el nombre de Tomás Ondarra, que rechazó la oferta de irse a Madrid (era entonces jefe de infografía de El Correo en Bilbao y hoy es director de infografía de El País) y en cambio Mario Tascón aceptó y acabó siendo el gran gurú de infografía primero y de Internet después en El Mundo y más tarde en Prisacom.

Meses después, Pedro Jota me pidió que le buscara un buen infografista norteamericano que pudiera trabajar un año con el equipo de Mario Tascón y así fue como llegó a Madrid Jeff Gortzen quien, al concluir su estancia en El Mundo, acabó pasando otro año en El Periódico de Catalunya, donde buscaban alguien parecido a Jeff para preparar la cobertura de las Olimpiadas de Barcelona. Antonio Franco me llamó y me preguntó: “¿Tú crees que este rubiales americano, que está en El Mundo, se vendría con nosotros?”. Se lo pregunté y se fue encantado. Años más tarde, y a través de Mario Tascón, me pidieron también ayuda para que el bueno de George Rorick pasara otro “año sabático” en El Mundo.

Luego la vida hizo que Mario dejara El Mundo y se fuera a Prisacom que acabó en una innecesaria batalla legal que a todos nos dejó un mal sabor de boca porque aquel tandem habia conseguido no sólo poner al diario a la cabeza de la infografía mundial sino también como el medio digital número uno del mundo hispano.

Cuento todo esto, porque es en este mundo de innovaciones periodísticas en el que conocí y admiré al mejor Pedro Jota, el director carismático, inquieto, creativo, líder, polifacético, apasionado por el periodismo de investigación; pero también por el periodismo visual y, finalmente, por la transición digital de los medios impresos donde él y El Mundo han sido y son todavía líderes indiscutibles.

Siempre fue un luchador por la libertad de prensa y por eso fui testigo de su trabajo en la Asociación Mundial de Diarios (WAN) donde llegó a presidir su Comité de Libertad de Prensa y conozco, de primera mano, sus intervenciones, viajes y gestiones para denunciar con arrojo y valentía ante las autoridades de regímenes represivos sus acosos a medios y periodistas.

Cuando de hecho fundamos en 1982 las actividades de consultoría de INNOVATION, muy pronto El Mundo, Unidad Editorial y RCS fueron clientes nuestros. Pedro Jota tiene fama de saberlo todo, no aceptar consejos ajenos y despreciar a los consultores de medios. Mi experiencia es la contraria y lo demuestra el afecto que siempre nos tuvo y los encargos que recibimos. Y no es coincidencia que INNOVATION lleve trabajando desde hace años en Milán con ese grupo desde que Victor Colao era CEO de RCS, y siempre por las buenas referencias que debieron recibir de Pedro J. Ramírez, Antonio Fernández Galiano y Giorgio Valerio.

Dicho esto, Pedro Jota es crítico, tiene ideas propias y hasta inamovibles.

Recuerdo que hace unos meses nos invitaron para tener con él, Antonio y sus directivos de redacción y gerencias un “brainstorming” sobre cómo otros medios estaban realizando la integración de sus redacciones. Pedro escuchaba con mucha atención y salvo la pausa obligada de 30 minutos, para estar en el consejo de redacción, se pasó todo el día con nosotros. Pero llegó el momento de la verdad y alguien preguntó si creíamos que las redacciones de Unidad Editorial debían integrarse. Pedro pensaba que ya lo estaban aunque se refería exclusivamente al trabajo coordinado de los periodistas digitales y de papel de El Mundo. Yo le expliqué que, a mi juicio, eso no era suficiente y que, sin conocer como ellos sus redacciones, pensaba que se podían conseguir más sinergias, optimizar más recursos y aumentar así la potencia de fuego del grupo y no sólo de las marcas aisladas. Su respuesta fue fulminante: “Eso aquí no se hará nunca”. Lo dijo y lo ha hecho. Y me parece muy bien porque él era el Director y el sabría las razones de una decisión estratégica que yo no compartía entonces y tampoco ahora.

Esto es casi todo; algunas veces Pedro me llamaba para cuestiones puntuales, para pedirme que escribiera en el diario, invitarme a algún seminario interno o cuando pasaba por Madrid para comer juntos.

Cuando se cumplieron los 20 años de El Mundo, Pedro, a través de Víctor de la Serna, otro gran periodista, me invitó a participar en un seminario donde también estuvieron los directores del Wall Street Journal, Times de Londres y el Daily Telegraph. La fiesta concluyó con una cena en el Hotel Palace, que presidieron los Reyes de España. En la sobremesa, Pedro me preguntó “¿Conoces al Rey?” Y yo, que soy más bien poco o nada monárquico, le dije que no. Se fue a por Juan Carlos y me lo presentó diciendo como buen relaciones públicas y amigo: “Majestad, este es Juan Antonio Giner, fundador de una de las mayores consultoras de medios, que asesora a grandes empresas periodísticas de todo el mundo y vive en Gales“. El Rey me estrechó la mano y respondió, como buen Borbón que es: “¿Y qué cojones hace un español en Gales?”

Termino. Nuestro último encuentro fue hace apenas dos semanas cuando quise que conociera al “Pedro Jota del periodismo mexicano”, Ramón Alberto Garza, otro gran amigo y cliente de INNOVATION que estaba en Madrid. Le puse un email a primera hora de la mañana para ver si tenía tiempo para recibirnos y yo, que creo conocerle un poco, le tenté con una frase del tipo “así podrás conocer la experiencia de Reporte Indigo, el medio digital más innovador de Latinoamérica”. No pasaron ni 10 minutos y Pedro ya nos estaba invitando a cenar esa misma noche.

Le vi cansado, como cansado debe estar todo director de un diario que al final de la jornada tiene que despedir el día con uno de sus gin-tonics preferidos; pero lo que, como siempre, más me impresionó fue cómo se entusiasmó navegando en su tableta por las aplicaciones, videos y recursos digitales de ese nuevo medio, Reporte Indigo. Lo que comenzó como una cena de cortesía, a un distinguido colega, acabó siendo el niño soñador, que se olvida de la mesa, se lanza al suelo y se pone a jugar con el nuevo tren en la sala de estar de su casa.

Allí estaban, para testificar que es cierto lo que digo, Fernando Baeta y Fernando Mas que, como Pedro, estaban cansados también, pero felices de despedir un duro día de trabajo jugando en el comedor de invitados de UNEDISA con aquel novedoso juguete digital, que hacía soñar de nuevo al Pedro Jota que siempre conocí: el niño grande y periodista apasionado por innovar.

El director de periódicos de mundo hispano más innovador que he conocido.

(Oleo de Guillermo Oyaguez Montero)

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