Cómo matar los diarios impresos (38): menospreciando la publicidad

COMO 38

Esa fue la gran razón de existencia de los clasificados.

La gente hacía cola en las puertas de los talleres para poder consultar antes que nadie los anuncios por palabras.

Y todas las encuestas certifican que los lectores consideran los “avisos” como parte de su dieta informativa.

No en vano, las primeras gazetas comerciales eran eso: “diarios de avisos”.

Por tanto, cuantos más y mejores anuncios, mejor que mejor.

 

Cómo matar los diarios impresos (35): olvidarse de la publicidad

COMO 35

Lo he repetido muchas veces y me lo dijo por primera vez el inolvidable Leo Bogart:

“Juan Antonio, los diarios no se mueren por falta de lectores sino por falta de publicidad”.

¿Está claro?

Repito: olvidarse de la publicidad, renunciar a la publicidad, menospreciar la publicidad, perder publicidad y quedarse tan tranquilo es la muerte de los diarios.

LIFE se murió con millones de suscriptores.

El New York Herald los tenía a millares y ya no existe.

Cuando una empresa periodística tolera las caídas de la publicidad se hace el harakiri.

Y no me vale que hay crisis.

En las crisis es cuando los fabricantes necesitan vender más.

Cuando más necesitan de la publicidad.

No tener argumentarios sobre la efectividad de nuestros soportes impresos es suicida.

Menos quejarse y más iniciativas.

Más creatividad.

Más invertir en estudios de mercado.

Más inteligencia de mercados.

Y salir a la calle.

Llamar a las puertas de agencias y anunciantes.

Y cerrar las famosas “ventanillas” de recepción de publicidad que nos hicieron pasivos y arrogantes.

Si no hay publicidad es porque no la sabemos ganar.

Y los gerentes saben quiénes son los responsables.

Ellos y su indolencia.

Ellos y su conservadurismo.

Ellos y su dolce farniente.

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